martes, 11 de febrero de 2014

EL MODELO “CLUSTER” PARA LA EXPORTACION

El término de “aglomeración económica” o “economías de aglomeración” hace referencia a los beneficios que las empresas obtienen fruto de su localización próxima unas con otras (Trullén y Callejón 2008), lo que se aprecia a través de una reducción del coste medio de la producción según va aumentando el número de empresas en una localización (Callejón y Costa 1996).

Según datos del Instituto de Estrategia y Competitividad de Harvard, los cluster comerciales supondrían casi un tercio de la economía estadounidense. De hecho, es común encontrar en los diferentes estados varios cluster con un peso económico y de empleo significativo. Además, por lo general, el empleo que generan las actividades económicas de dichos cluster se caracteriza por unos niveles salariales elevados, no sólo respecto a la media del estado, sino también a nivel estadounidense.

Los cluster más representativos aparecen en sectores tecnológicos muy avanzados como las biotecnologías, las TICs, salud, aeroespacial, nuevos materiales… donde los beneficios inherentes de los flujos de información y conocimiento son fundamentales para su desarrollo. Sin embargo, existen también clúster en sectores más tradicionales (como el turismo, el sector financiero, las actividades comerciales, la logística, etc.) que suponen un peso muy importante en términos de empleo.

A continuación explicaremos qué se entiende por un cluster, cuáles son sus objetivos y sus ventajas para los integrantes.

La concentración de la actividad económica, así como sus causas, son objeto de estudio desde finales del siglo XIX con autores como Marshall y hasta casi principios del XXI con autores como Sövell, Linqvist y Ketels ya con un concepto de clúster totalmente reconvertido en instrumento de política.

Porter es probablemente el autor que más visibilidad ha adquirido en la formalización del concepto y en su extensión al ámbito de las políticas de desarrollo regional. Según Porter, en su libro “The Competitive Advantage of Nations” (1990), un clúster puede definirse inicialmente como:

“Agrupamientos de sectores competitivos que son verticalmente profundos y abarcan muchos eslabones de la cadena vertical aportando maquinaria y otros instrumentos especializados.”

Pero posteriormente, Porter redefinió el concepto en su libro “On Competition” (1998):

“Un cluster es un grupo de empresas interconectadas e instituciones relacionadas en un determinado campo, que se encuentran próximas geográficamente, y que están vinculadas a través de elementos comunes y complementariedades.”

El término “cluster” de Porter tiene sus orígenes en la mecánica de la competitividad empresarial y su traslación al ámbito de las regiones y las naciones. Mediante el estudio de la denominada “micro-competitividad”, este autor argumenta cómo la competitividad empresarial se determina por el funcionamiento diferencial de los entornos más cercanos (niveles local y regional), siendo esto lo que permite a los espacios posicionarse en el contexto global. Según esta tesis, en los factores de la “microcompetitividad” del entorno es donde el cluster adquiere todo su significado y relevancia, a partir de los cuales aparece como una herramienta útil y deseable para el desarrollo regional y poder competir internacionalmente.

La capacidad de competir a nivel global está determinada por los activos de los que se dispone a nivel local, y este fenómeno es el que ha provocado que las ventajas competitivas de cada país o región se generen como una interacción de sus miembros. Así, la acción conjunta de todos ellos (a través de cluster o de otras modalidades) es lo que genera sinergias, reduciendo las debilidades que pudieran existir y potenciando las fortalezas para la internacionalización.

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