El término de “aglomeración económica” o “economías de
aglomeración” hace referencia a los beneficios que las empresas obtienen fruto
de su localización próxima unas con otras (Trullén y Callejón 2008), lo que se
aprecia a través de una reducción del coste medio de la producción según va
aumentando el número de empresas en una localización (Callejón y Costa 1996).
Según datos del Instituto de Estrategia y Competitividad
de Harvard, los cluster comerciales
supondrían casi un tercio de la economía estadounidense. De hecho, es común
encontrar en los diferentes estados varios cluster con un peso económico y de
empleo significativo. Además, por lo general, el empleo que generan las
actividades económicas de dichos cluster se caracteriza por unos niveles
salariales elevados, no sólo respecto a la media del estado, sino también a
nivel estadounidense.
Los cluster más representativos aparecen en sectores
tecnológicos muy avanzados como las biotecnologías, las TICs, salud,
aeroespacial, nuevos materiales… donde los beneficios inherentes de los flujos
de información y conocimiento son fundamentales para su desarrollo. Sin
embargo, existen también clúster en sectores más tradicionales (como el
turismo, el sector financiero, las
actividades comerciales, la logística, etc.) que suponen un peso muy
importante en términos de empleo.
A continuación explicaremos qué se entiende por un
cluster, cuáles son sus objetivos y sus ventajas para los integrantes.
La concentración de la actividad económica, así como
sus causas, son objeto de estudio desde finales del siglo XIX con autores como
Marshall y hasta casi principios del XXI con autores como Sövell, Linqvist y
Ketels ya con un concepto de clúster totalmente reconvertido en instrumento de
política.
Porter es probablemente el autor que más visibilidad
ha adquirido en la formalización del concepto y en su extensión al ámbito de
las políticas de desarrollo regional. Según Porter, en su libro “The
Competitive Advantage of Nations” (1990), un clúster puede definirse inicialmente
como:
“Agrupamientos de
sectores competitivos que son verticalmente profundos y abarcan muchos
eslabones de la cadena vertical aportando maquinaria y otros instrumentos
especializados.”
Pero
posteriormente, Porter redefinió el concepto en su libro “On Competition”
(1998):
“Un cluster es un
grupo de empresas interconectadas e instituciones relacionadas en un
determinado campo, que se encuentran próximas geográficamente, y que están
vinculadas a través de elementos comunes y complementariedades.”
El término “cluster” de Porter tiene sus orígenes en
la mecánica de la competitividad empresarial y su traslación al ámbito de las regiones
y las naciones. Mediante el estudio de la denominada “micro-competitividad”, este
autor argumenta cómo la competitividad empresarial se determina por el
funcionamiento diferencial de los entornos más cercanos (niveles local y regional),
siendo esto lo que permite a los espacios posicionarse en el contexto global. Según
esta tesis, en los factores de la “microcompetitividad” del entorno es donde el
cluster adquiere todo su significado y relevancia, a partir de los cuales aparece como una herramienta útil y
deseable para el desarrollo regional y poder competir internacionalmente.
La capacidad de competir a nivel global está
determinada por los activos de los que se dispone a nivel local, y este
fenómeno es el que ha provocado que las ventajas competitivas de cada país o
región se generen como una interacción de sus miembros. Así, la acción conjunta
de todos ellos (a través de cluster o de otras modalidades) es lo que genera
sinergias, reduciendo las debilidades que pudieran existir y potenciando las
fortalezas para la internacionalización.






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